Relaciones de pareja y Sexualidad

¿POR QUÉ DISCUTEN LAS PAREJAS? CONSEJOS PRÁCTICOS PARA APLICAR EN LAS DESENCUENTROS

Existen tantos tipos de relaciones de parejas como tipos de personas hay en el mundo. Cada pareja es única y no hay dos iguales, pero a la hora de discutir podemos aplicar una serie de consejos generales que nos pueden ayudar  a sobrellevar mejor la situación.

Tampoco debemos evitar ciertas discusiones, porque es algo normal y sano en las relaciones de pareja.

Las discusiones es algo normal que se produce dentro de las relaciones sentimentales. La frecuencia, intensidad y situaciones en las que se producen marcará la diferencia entre unas parejas y otras (hay quien apenas discute, quien tiene desencuentros tan sólo de vez en cuando y quien discute a todas horas). Las parejas que discuten a todas horas, en cualquier momento y lugar y delante de quien sea sin ruborizarse son los que presentan un verdadero problema y los que deberían seguir a rajatabla la serie de consejos que aquí se presentan y si siguiendo estas pautas continúan sin mejorar, acudir a un/a especialista en terapia de parejas. Ya que si las relaciones perduran por mucho tiempo podría producirse un distanciamiento entre la pareja y una posterior ruptura.

¿Qué consejos podemos seguir para intentar disminuir la frecuencia o la intensidad de nuestras discusiones?

-          Tener en cuenta por ejemplo, que depende del momento del día (mañana, tarde o noche) estamos más cansados y por lo tanto más predispuestos a discutir con nuestra pareja. Además, no haber satisfecho nuestras necesidades básicas (dormir bien, comer y por lo tanto tener hambre, etc.)  de forma correcta puede provocar que estemos más tensos y que paguemos con la persona que tenemos al lado nuestros problemas existenciales. Debes entender que son cambios de humor que dependen de los picos de nuestro estado de ánimo y que te pueden llevar a discutir con tu pareja, pero no te lo tomes como algo personal (la causa no eres tú), simplemente es algo transitorio.

-          Normalmente cuando discutimos tendemos a elevar el tono de voz y a perder las formas. No por gritar más tenemos más razón, sino todo lo contrario, cuanto más elevemos el tono de voz más se excitará la otra persona. Es difícil de controlar cuando uno está enfadado, pero se puede decir lo mismo con una actitud más amable y con un tono más suave, ¡y los resultados no son los mismos!

-          Durante una discusión, lo más común es no escuchar a la otra persona, no respetar los turnos de palabra y querer exponer con ansias nuestras razones atropellando la exposición del otro. Esto acaba convirtiéndose en un circo a lo “Sálvame Deluxe” y no llegamos a escuchar ni entender nada, con lo cual la otra persona se siente frustrada por no sentirse comprendida. Para ello lo que debemos procurar es escuchar y entender los argumentos que nos está exponiendo la otra persona y cuando sea mi turno, contra exponer lo que yo pienso y siento. Intentar explicar con claridad lo que uno siente, para que así el otro se pueda poner en nuestro lugar.

-          Hay ciertas actitudes durante una discusión que cierran cualquier camino hacia la comprensión o la reconciliación, éstas son: la arrogancia, el menosprecio, la prepotencia y el creerse con la razón absoluta de las cosas. Estas actitudes pretenden situarte por encima del otro, con lo cual lo único que provocan es que la discusión suba el tono de la intensidad y aumente su duración. Durante una discusión debes exponer tus puntos de vista y como te hacen sentir ciertas situaciones o cosas que hace tu pareja y que te molestan, para que así el otro pueda ponerse en tu lugar y llegue a comprender que es lo que te pasa. Hay que tener mucho cuidado con estas actitudes en la pareja, ya que pueden acabar con la relación.

-          Es importante durante una discusión asumir nuestra parte de responsabilidad: “dos no discuten si uno no quiere”. Si en vuestra relación ha aparecido un conflicto es porque los dos habéis contribuido a ello y los dos debéis contribuir a solucionarlo poniendo de vuestra parte. Ante los problemas es bueno ver que las cosas no son blancas o negras, sino que existe una amplia gama de grises. Es altamente positivo reconocer y asumir tu parte de culpa y no solo reprochar a tu pareja las cosas que no hace bien. Ante una situación problemática o de desencuentro si empiezas exponiendo las cosas que tu pareja hace bien o ante las que actúa de forma correcta ante ello, seguramente tenga una actitud mucho más positiva o conciliadora.

-          ¡Qué importante es y como cuesta pedir perdón! Es importante que si te has equivocado, lo reconozcas y pidas perdón a tu pareja. Pedir perdón no significa “bajarte los pantalones” o ponerte en una situación de inferioridad o debilidad ante tu pareja. Pedir perdón es muy bonito y vale más que estar enfadados. ¡Sé valiente y piensa que lo fácil es estar enfadados!

-          Saber reconocer los errores y aprender de ellos es imprescindible en esta vida y más aún en una relación de pareja sana. Aunque tú asumas como normal una conducta o actitud puede que para la otra persona no sea así e incluso le resulte dolorosa. Asumirlo y rectificar es imprescindible para una relación de pareja a largo plazo.

-          Dejar una discusión para más tarde no es negativo. Se trata de buscar el momento más adecuado para ello y evitar decir cosas que se piensan en un momento “acalorado” pero que realmente no se sienten y que pueden hacer mucho daño al otro (ciertas heridas necesitan tiempo para curarse). Retomar la conversación cuando se está más tranquilo y se han reflexionado y madurado ciertas cosas, es mejor y produce mejores resultados.

-          Posponer una conversación no significa escaparse de ciertas situaciones problemáticas o dar evasivas. Los problemas hay que enfrentarlos y corregirlos, ya que si no pueden alargarse mucho en el tiempo y convertirse en un problema latente, dispuesto a explotar en cualquier momento. Hay veces que parece que las cosas suceden sin aparente motivo, pero es por esto mismo, problemas sin resolver. Hay que intentar ir al fondo de la cuestión para intentar comprenderlo y solucionarlo. Esto a veces no es fácil y requiere de la ayuda de un terapeuta de parejas.

-          Y no te olvides de lo más importante: transmitir a tu pareja que, a pesar de que en algunas cosas mantenéis puntos de vista diferentes, la quieres. Ser capaz de transmitir que, a pesar de que estás discutiendo con ella quieres pasar el resto de tu vida con ella, es muy importante ¡y casi imposible que una relación acabe mal!

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